
Sobrellevando la indignación por la pérdida de mi derecho al voto. Por el resultado electoral. Por la incomprensión. Por la impotencia. Por la frustración. Por…
Mayoría popular aplastante del Partido Popular. Criticar nuestro (antidemocrático)sistema electoral, que debería obviamente ser modificado. Reproche que no debe ir dirigido a la Ley d’Hondt, sino a las circunscripciones provinciales. A las listas cerradas. Al mínimo de representatividad (computado ahora en un 3%). A la composición del Senado y a su sentido actual (o se reforma como verdadera cámara territorial o se elimina).
Sin embargo, más allá de todo eso, es más preocupante otra cuestión. El hecho de que 10.830.693 personas hayan votado a un partido que nunca desveló su programa. Este voto a ciegas de una proporción nada desdeñable de la población española me parece mucho más preocupante si, además, se tiene en cuenta que la Señora de Cospedal ya afirmó que “algunos que hasta ahora nunca han protestado van a protestar muchísimo y vamos a tener la calle llena de manifestaciones y de pancartas; algunas ya han empezado, pero no importa porque estamos preparados”.
Decimos, entonces, que 10.830.693 personas han votado a una persona que ha perdido ya dos veces las elecciones y que éstas no las ha perdido, lo que no equivale a haberlas ganado. Y decimos, también, que existe un 28,31% de españoles/as (9.688.932 electores/as) que no han votado, se han abstenido. De esos nueve millones, se calcula, sin embargo, que cerca de uno de ellos no ha recibido el voto por correo y no ha podido ejercer su derecho. Rectifico: no le han permitido ejercer su derecho (millón entre el que me cuento, por desgracia). A los que de verdad se han abstenido, sólo decirles: Señores/as, pueden “pasar de la política”, pero la política no va a pasar de ustedes. Esa es la cruda realidad. Además de representar una irresponsabilidad no ejercer el derecho a voto después de tantas luchas, de tanta represión , de tantas muertes y de una dictadura que han costado conseguirlo.
Y siento miedo. Miedo por los recortes en educación, por los recortes en sanidad, por los recortes en cultura, por la futura reforma-nueva ley laboral, por la recesión de los derechos (aborto, matrimonio homosexual, contratos pre y post doctorales de investigación, entre otros) y por tantas otras cosas que veo tambalearse ahora. Miedo del futuro. Miedo de mi futuro y del de mucha gente como yo.
Y no digo que esa mayoría popular debía haber votado al PSOE, ciertamente la gestión de éste último de la crisis no ha sido un ejemplo. Pero hay más partidos y más posibilidades. Se necesita un cambio, sí, pero no a la derecha absoluta. Está bien castigar, pero con responsabilidad electoral y ciudadana.
Quiero pensar que esa gente no es la misma que se ha quejado de los recortes que ha realizado el PSOE (porque votando al PP han cavado su tumba). Y quiero creer, de verdad, que esa gente que ha dado esa mayoría tan abismal a la derecha (sin saber su programa pero conscientes de las advertencias lanzadas desde sus filas) no lo ha hecho por una ignorancia consumada. Quiero creerlo. Necesito hacerlo (por una cuestión de salud mental).